Music: Redemption Song by Bob Marley. http://www.youtube.com/watch?v=OFGgbT_VasI
Sentir que aquellas lágrimas llevaban estancadas allí toda una vida, logró revolver a escondidas las mías. No borro de la memoria su rostro agarrotado por contener las lágrimas que comenzaban a desbordar su espíritu hasta nublarle la mirada. Lágrimas de un hombre en el Meru Peak, venido desde muy lejos para aliviar el hambre de tres niños pequeños que aguardaban junto a su madre un pronto reencuentro en la Savanna.

En días anteriores cada vez que podía me miraba, sonreía y se acercaba a mi silbando y susurrando “Redemption Song” de Bob Marley “…Won´t you help to sing; these songs of freedom?….”, le respondía con otra sonrisa y seguía las notas, silbando y silbando cada vez más alto “…Emancipate yourselves from mental slavery; none but ourselves can free our mind…”

Aquel día le habían arrebatado todo el aliento. Su fuerza y perseverancia estaba demostrada a lo largo de nuestra convivencia durante la última semana. Responsable y atento, desempeñaba su trabajo de porteador en el Meru. Nos acompañaba ahora en nuestra peregrinación al Kilimanjaro y cada vez que podía se escapaba del peso de la vida para regalarnos una sonrisa.
Sus ataques de malaria al finalizar el viaje al Kilimanjaro terminaron por contagiarme la impotencia que gritaban sus ojos; mientras tanto, nuestros clientes alcanzaban su objetivo en el viaje subiéndose el techo de África, y la euforia junto a la alegría tenían que continuar. Tras el telón, la realidad de los porteadores en Tanzania llamaba a mi puerta con tanta fuerza que sus rostros y miradas entraban para acomodarse en el rincón de mi conciencia que más a gusto encontraban.

El guardaparques, que es uno de sus innumerables jefes y que obligatoriamente nos acompaña en el Parque Nacional Arusha, no solo venía para proteger a los turistas de los animales salvajes que habitan el Parque. Junto a la escopeta que va abrazada a él se dedica a secuestrar, con la autoridad que dan las armas, las necesidades de mucha gente y ese trozo de alegría que increíblemente les queda. A nuestras espaldas la amenaza del desempleo y el abuso arrancan parte de su paga, su dignidad, las propinas que más se pueda y mucho de nuestra ilusión puesta en las montañas y nosotros mismos.
Aquellos repentinos ataques de malaria de ¨Rafiki¨me recordaron aquel encuentro, unos días atrás, a la salida del Parque Arusha. Su espíritu curtido por los años y las cargas pesadas -aquella vez estaba hundido como solo puede hacerlo la injusticia-, estaba desaparecido quien le había arrebatado sus propinas, uno de sus tantos jefes, se me ocurrieron varias cosas para aliviar siquiera el momento frente a una realidad humana que nos sobrepasa, llevarlo con nosotros al Kilimanjaro.
Estaba decidido a hacer algo, cualquier cosa, lo incluiría en el grupo que nos acompañaba, le daría más trabajo, y nuestro mejor trato, velaría por sus intereses enfrentándome a su propia gente. Aun así, toda solución que aparecía entre mis manos no dejaba de cuestionarme a mí mismo sobre ¿qué más puedo hacer en mi posición? ¿Qué cambiará, a penas suba al avión de vuelta?
Aquel atardecer, comenzaba a helar, había acomodado en mi pequeña tienda a todos los porteadores que entraban mientras usábamos la tienda comedor para cenar con los clientes que también había que cuidar, el comedor una vez terminada la cena cumplía la función de dormitorio para más de una docena de personas, los muchos que no logre acomodar en mi tienda quedaban fuera, a la intemperie mientras apuraba mis últimos bocados, daba las últimas indicaciones para el día siguiente y me escapa de la última conversación para hacerles un rincón, teníamos media docena de tiendas vacías mientras cenábamos pero en ellas no había espacio.

Secuestrarle la sonrisa a alguien que va por la vida cargando tantas dificultades y robar el poco dinero que tan duramente ganan para aliviar el hambre de su familia debería considerarse como uno de los crímenes más perversos, joder al que nace sin oportunidades, no tiene nombre, beneficiarse directa o indirectamente de esta explotación sistemática a cambio de aspiraciones que no son vitales o para ganar un dinero más, tampoco.
Cada uno desde su trinchera, a su medida, sin necesidad de dejar de disfrutar de nuestras vacaciones ganadas y desafíos personales, podemos hacer algo para aliviar esta situación. Se puede hacer mucho sin dejar de convivir y crecer como seres humanos junto a una realidad que a veces late y respira en un duro invierno Europeo en el cajero automático de la esquina de casa o en las más marginales y cercanas barriadas sudamericanas. Sin la necesidad de vivir un ajeno e inútil sentimiento de culpabilidad, nuestro disfrute realmente puede generar bienestar, nuestras decisiones afectan a los demás y ese poder hay que usarlo con responsabilidad.
Los porteadores y sus familias necesitan este trabajo, y desde la posición de clientes es recomendable contratarlos. En países como Nepal, Tanzania, Pakistán y en muchas zonas de los Andes gran parte de la economía rural depende de esta fuente de “divisas”, no obstante, no basta con contratarlos para aportar a la mejora de sus condiciones, hay que ser mínimamente diligentes al elegir la agencia que contratamos en nuestro país de origen, ver si cuentan con protocolos que protejan la salud y seguridad de sus trabajadores como la conservación del medio ambiente y exigir que a lo largo del viaje los cumplan.
En la situación actual, las agencias de viajes internacionales tienen la oportunidad y están en una posición privilegiada para crear bienestar en los ecosistemas y economías locales que visitan ejerciendo presión sobre las políticas de sus operadores locales y las suyas propias. Solo aquel que tenga un manejo responsable de las personas, su trabajo y el medioambiente debería beneficiarse de sus grupos y clientes. Tienen la oportunidad no solo de crear bienestar en los demás sino de beneficiarse de esta imagen frente a sus clientes y la sociedad.
Las agencias y las personas (clientes & guías) tenemos un poder oculto en nuestra fuerza de consumo que hay que usar con responsabilidad, podemos premiar a los más responsables con nuestra elección y buscar así que sus protocolos, aunque sea por interés económico y competencia, se extiendan al resto.
Todos los años mueren porteadores innecesariamente en las montañas, muchos sufren daños y enfermedades; cada temporada algunos quedan incapacitados para ejercer su trabajo siendo ellos la única fuente de ingresos para miles de familias. Muchos dramas se evitarían con asegurarles un lugar adecuado donde cobijarse a la noche, atención medica similar a la que esperamos para nosotros mismos en caso de lesiones y enfermedad y una vestimenta, calzado y comida apropiada para la altitud y climatología en la que desempeñan su trabajo.
Si las personas que han trabajado conmigo pudiesen ganar el mismo dinero de una forma menos dura, muchos de ellos lo harían, con algunos nos la pasamos fenomenal en los viajes, una vez que llevan a destino la carga solo ríen y cantan hasta que el sueño les vence pero personalmente les deseo a todos, en un futuro ideal, un trabajo más sano; mientras en nuestra sociedad siga existiendo la demanda de sus servicios y la necesidad en ellos de trabajar en lo que sea para salir adelante, al menos habrá que hacer el esfuerzo por garantizar que este servicio se lleve a cabo de la forma más digna y segura.
Cada paso en este camino vale mucho, por más corto o lento que sea; animémonos a dar este paso para por lo menos dejar de ser parte de un sistema que los jode, más. Al amanecer llegaba junto a mis clientes a la cima del Kilimanjaro, la primera de las “7 cumbres” que me propongo alcanzar, la cumbre más alta de un continente que se extendía hasta el infinito en el horizonte; con miles de sueños y lleno de sentimientos encontrados no dejaba de sentirme afortunado, lleno de vida, risas y llantos.
Desde el avión nada parecía haber cambiado en Tanzania pero las montañas de África y su gente no me habían dejado indiferente, hoy me llevo a todos lados los silbidos de Rafiki “…Some say it´s just a part of it; we´ve got to fullfil the book…” cargo conmigo su sonrisa, su impotencia, su esfuerzo por salir adelante; la verdad, nos despedimos alegres y no sé qué será de él, pero su música, sigue sonando, cada vez más alto.
“…Won’t you help to sing, These songs of freedom? Cause all I ever have:
Redemption songs; Redemption songs;…”